Foto Pierluigi Praturlosn

Año 2000, Siglo XXI

Celebramos
el cambio de milenio
recorriendo el camino
a tu casa. No habían taxis
y la noche era celebrada
como si hubiéramos llegado
al futuro.
Me enamoré
en el fulgor de la noche
y me dejaste plantada
un mes y catorce días
después,
tan sinceramente
que no tuve palabras
de réplica.
Fue un romance corto
y un olvido largo.
De ti
tengo tres recuerdos.
El color blanco de tu casa.
Tus ojos
y tu número de teléfono
en la memoria
de objetos perdidos.
Obra Lita Cabellut



Padre
he estado en los infiernos
y más allá
de las plantaciones sin fruto,
la soledad
acuchillando
mi espalda,
padre
he visto residuos,
basura de bocas
malditas
que duelen,
padre
huyo de aquí
sin llevarme nada
más que el intento
frustrado
de coger la vida
por su parte más dulce.


Padre,
me duele el fracaso.

Ha empezado la cuenta atrás
y tengo
el último número.
No te concedo más tiempo
que el minuto
de un verso
que no te extraña.
El puente roto.
El paraíso dinamitado.
Una puerta blindada
tras de ti.
Descolgados espejos
de siluetas invisibles
y besos 
que no se tocan.
Que no cunda el pánico,
no me caben más heridas
en mi geografía,
he recorrido
el itinerario de todos los errores
y mañana escribiré más
sobre las despedidas.
Triple salto mortal
y me salvo.

Foto Laura Makebresku





He desleído todos los poemas
para llegar a ti
sin palabras,
para descitar 
la recurrente métrica
que nos aboca
a un amor
con demasiados adornos.
He venido sin rituales
sin ropa
sin anillos,
he venido en carne viva.

Después -en el camino-
encenderemos velas
acunaremos versos
recordaremos ritos,
pero ahora no.

Ahora,
nosotros.

He volado 
por encima
de vuestras cabezas 
huecas
y he borrado 
mandamientos hostiles
para poder amar
a mis anchas,
he sorteado 
hocicos chismosos
y obscenos
con la rabia inocente
de una mujer
que sentía la libertad
y ahora -después de tanto-
me acerco a la calma,
me atrevo a firmar
poemas 
con nombre propio, 
justo ahora,
que la sintonía
de mi alma,
nunca estará 
a vuestro alcance.
Y disculpen 
las molestias
y los finales con punto,
para qué
nos vamos 
a engañar,
desecho los suspensivos
sin nada 
que añadir 
a vuestras miserias.





Caerán mis huesos al suelo,
retumbaran sobre la baldosa fría
el húmero
las costillas
la tibia
el cráneo,
quedará desparramada
mi carne,
vacía ya

de fracasos y de chantajes,
de planes y de calendarios,
de fuerzas y debilidades.
Me quedaré ahí
para exhumar
mi último grito.


Ocupé mucho tiempo
en desmantelar la casa,
en tirar al contenedor
las sábanas
los ceniceros
y la última botella.
Me costó
limpiar la noche,
sacudir el adiós
de las alfombras.
Lo demás
me lo llevé a la soledad
que me acompaña
y cuando lloro
no sé si lloro por él
o lloro por todo,
el caso
es que mi llanto
se hizo silencioso
para echarle de menos
sin demasiada vergüenza.


Glen Close
Foto Richard Phibbs


Soy revolución y calma.
Canto y silencio.
Fuego y ceniza.
No hago tratos de amor
que requieran firmas.
Soy un alma de huesos
que crujen en la caricia.
Establezco un orden
que no responde 
a mandatos
de las alturas.
Desobedezco a conciencia
y cuando voy a ciegas
busco la espuma de un mar
que alivia la historia 
de mis heridas.
He recorrido mundos 
en tus besos.
He sucumbido al deseo 
más prohibido.
Sujeto pocas cosas,
voy liviana por el mundo.
Soy real.
Soy imperfecta.
Mi sangre es imprudente,
genio y figura.
Llevo un adiós que duele
y confieso
que he perdido 
guerras
sin ningún sentido.


                         Foto Norman Jean Roy
Yo era 
un corazón roto
de verso corto
y caminos que no llevaban
a ninguna parte.
......................................
Le pedí a la poesía
que me prestara
el privilegio
de otra mirada
sobre las cosas.
.....................................
Hay poetas que buscan
ornamentos para sus poemas,
yo
solo quiero
encontrar
mis trozos.


















Respiro confusa
en el aturdimiento del encierro.
He madurado mis órganos
enderezado mis piernas
escupido residuos
lavado mi plumaje
y en condiciones
de recién nacida
vuelvo.

La madre tierra
tiene todo lo necesario
para devolverme a la vida.
Aprendo a respirar
Revoloteo.
Me gusta la sensación
de aprendizaje
y esta vez
nadie
-absolutamente nadie-
interrumpe mi vuelo.



Transgredir con mi boca
no por el mero hecho
de cambiar las cosas,
no por una revolución permitida
y por cauces legales,
no por llamar la atención
ni escandalizar a vecinos
de ésta ciudad irrespirable.
No por iniciar conflictos
insultos
pequeñas risas burlonas
que acompañarán las mesas
de las perfectas familias.
No por el mero hecho
de no claudicar, a pesar de los años
y de mi rebeldía innata.

Si lo hago, señores,
es por el básico deseo
de tocar su agua
en medio del desierto.
Que hablen si quieren.
Que hablen...
Yo, con su beso.
La poesía me lleva lejos
-dibuja nuevas coordenadas-
mi norte es el sur
y mi centro estalla en palabras
que resuenan milagrosas
queriendo rozarte.
Cruzo la estancia
y me expando más allá
de los códigos
y los postigos,
de los imposibles
y las encrucijadas.
Escribo para darte noticias de mí,
para no sentenciar a muerte
mis emociones,
para suscitar la sospecha
de que existe
algo más
que la prisión
donde acaban mis días
sin ti.

Foto István Sándorfi
Ahora siento
que buscaba el amor
en lugares donde nada sabían de él
y así
me encontré en las ciudades
más extrañas
amando en vano
y pagando precios
desorbitados.
Tiempo después
me haría un traje
a mi medida,
un impermeable
y un poemario
que me dieran
defensa e intensidad,
consuelo y palabra.
Pero guardo los besos
que me encontré,
esos
que hacen de mí
una mujer experimentada
en explosivos

que jamás estallaron.

No quiero que nadie 
me complemente
y menos 
complementar a nadie,
no quiero cambiar

ni una sola palabra
del lenguaje arisco 
de mis dudas 
sobre ti,
dinamité mis castillos
en el aire
y carezco de planes
con un final feliz.
Me hice mayor
para convocar tormentas
que destrocen el paisaje
que tanto 
me costó construir.
No tengo "el siempre"
No tengo "el nunca"
pero -eso si-
dejaré una silla
un paseo
un viaje
donde descubrir
qué herida te duele
y qué te hace tan feliz.
No creo en cuentos
ni en milongas
pero
si entras
en mi beso, 
yo te escribo
una historia 
-insisto-
con los pies en el suelo
de un cielo prometedor.

Foto Jean Loup Sieff





















La primavera ha transgredido
algunas de las reglas
que me había impuesto
el invierno.
Salgo a respirar
un aire limpio de metralla
y desconsuelo,
de frío calculado
y de espaldas gélidas.
Me abro paso por los amores perdidos
y otras hierbas,
me alejo
de los chantajes emocionales,
del excesivo llanto,
de los idiotas
que creyeron
que la historia
tiene 
una sola versión.
La primavera
viene a mostrarme
el otro lado
de las cosas.

Y es alegre,
alegre
sin esfuerzos.



Y averiguo que el dolor
es opaco,
que me sujeta 
con lazos de acero
y que tengo que aprender
de nuevo
a volar.




Digamos que quizá
no estuve sola,
que conversé contigo
en aquel local
de música en directo
donde la gente
no quiere escuchar
más lamentos
que el de una guitarra
sin letra.
Después jugamos a besarnos
en el portal de tu casa
y amparamos el deseo
bajo las sábanas
de una velada completa.
Te reíste de mí
cuando te dije
que yo no creía en el amor
y tú presentiste
que salía todas las noches
a buscarlo.


Foto Silvia Grav
 Lloro siempre porque soy de agua. Ojo conmigo.
                                                                                                                                  Calibro mal el dolor.
                                                                                                         Carina Sedevich

Lo que más cuesta
es venir del vacío y llenarlo.
Volver a regar las plantas,
poner orden por fuera
y por dentro,
recoger la ropa
empezar el libro
abrir la ventana
-acordarte de quién eres-
lo que más cuesta
es pagar el rescate
y volver.


Foto Elena Martyniuk

Soledad,
que rúbrica temblorosa
tienes.


Obra István Sandorfi

Quiero ser para ti
la raíz de la palabra
el verbo
la solicitud entonada
de mi voz
que señala con el índice
mi espacio
de cenizas
y brasas.
Soplo en tu boca
y me llaman incendiaria.
Seguiré escribiendo
aunque me tenga
que quemar.

Foto Thea Curtis

Gastar la palabra Amor
Astillar sus bordes
Abreviar su contenido
-ampliarlo-
Hacerle radiografías
Exponerlo en museos
en grandes almacenes
en mercadillos
Sacarlo a subasta
Desplegar el argumento
Dejar exhausto el lenguaje
que intenta decir
en qué consiste.
Sin embargo Amor
-amor inexplicable-
tú me revelaste
quién era yo.

Foto Pierre dal Corso

El tono perfecto
azul de tus ojos
mar cielo
estrofa descuidada
del verso que te cae
por la mirada.


Lágrima catarata
en tu cara
que yo lamo
para quedarme
con tu tristeza,
parpadeo lánguido
de tus minúsculas olas

en tus pestañas.


Te hablo de esa soledad
que te arranca la piel,
que te expone en carne viva
-soledad a secas-
sin conservantes
ni colorantes.
Una copa amarga
que se bebe de un trago.
Un abrazo sin brazos.
Un beso contra el cristal.
Un ajuste de cuentas.
Un destierro.
Un gemido.
Un poema solo.



La poesía viene a explicarme
las cosas comunes

y dejan de serlo.




Construyo cimientos
versátiles,
que van de ti hacia mí
estremeciendo el espacio,
las líneas convexas 

que unen mi mano
a tus labios,
en un intento
de construir
tu beso
en mi verso.



Escribir es 
cambiar de tamaño
la vida.



Pido perdón
por la realidad que me inyecto en vena,
por la incredulidad
y por la falta de dioses.
Perpleja 
exhausta
me siento al borde de la palabra
a trazar lo que veo
dentro y fuera
de mí.
Por lo demás
no tengo mucho que decir.
He llenado cada espacio.
He bebido cada copa.
He besado cada beso.


Dejemos de cerrar puertas
de bajar persianas
de conjurar a dioses ausentes.
Es la vida
con sus armas implacables
aleatorias
salvajes
dispararnos de uno en uno
hasta resucitarnos.



Artista Egon Schiele

Piensa en mí 
cuando el desalojo previsible 
de los años
te deje sin provisiones, 
piensa en mí

cuando el mundo encoja sus sombras
y sus hombros.

Piensa en mí
cuando el amor
ya no diga tu nombre,
cuando el destierro
te siga los pasos,
cuando no queden
más palabras
que decir.