Digamos que quizá
no estuve sola,
que conversé contigo
en aquel local
de música en directo
donde la gente
no quiere escuchar
más lamentos
que el de una guitarra
sin letra.
Después jugamos a besarnos
en el portal de tu casa
y amparamos el deseo
bajo las sábanas
de una velada completa.
Te reíste de mí
cuando te dije
que yo no creía en el amor
y tú presentiste
que salía todas las noches
a buscarlo.
Foto Silvia Grav
no estuve sola,
que conversé contigo
en aquel local
de música en directo
donde la gente
no quiere escuchar
más lamentos
que el de una guitarra
sin letra.
Después jugamos a besarnos
en el portal de tu casa
y amparamos el deseo
bajo las sábanas
de una velada completa.
Te reíste de mí
cuando te dije
que yo no creía en el amor
y tú presentiste
que salía todas las noches
a buscarlo.
Foto Silvia Grav
He tragado quina
sangre y saliva,
he regenerado mi cuerpo
en tierra de nadie,
he amado
he construido casa
he parido con dolor
he sudado amores
he huido
he vuelto
he llorado con desconsuelo
he sentido asco
-miedo-
he perdido guerras
-las he ganado-
he inaugurado besos
he reído
he gritado
y si continúo
escribiendo
es para tener un lugar
donde poderlo decir.
Lo admito,
a veces
soy una extraña para mí misma,
no enciendo las luces
no me veo
no adivino el cuerpo
tembloroso,
no ajusto los nervios,
no encuentro la sintonía precisa
para percibirme.
Lo admito,
a veces
me abrazo a la nada,
al frío terrible de tu ausencia,
a la indecente rendición de mis carnes,
al paisaje destruido
del poema.
Lo admito,
a veces
me abandono a la tristeza
que supone
ver el fuego consumido.
a veces
soy una extraña para mí misma,
no enciendo las luces
no me veo
no adivino el cuerpo
tembloroso,
no ajusto los nervios,
no encuentro la sintonía precisa
para percibirme.
Lo admito,
a veces
me abrazo a la nada,
al frío terrible de tu ausencia,
a la indecente rendición de mis carnes,
al paisaje destruido
del poema.
Lo admito,
a veces
me abandono a la tristeza
que supone
ver el fuego consumido.
Ya no pesan las palabras
olvido
desvelo,
todo es liviano,
perfectamente un duelo
que se aleja,
impulso de un corazón
que aprende a no verte.
Ordeno el desván de mi alma
con las manos llenas de adioses
y los kleenex secando
la estancia.
Miro el futuro
para establecer un vínculo
entre el mundo y mi poesía
y con todo
salir a la calle
a completar la historia.
La mía.
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