Foto Norman Jean Roy
Yo era
un corazón roto
de verso corto
y caminos que no llevaban
a ninguna parte.
......................................
Le pedí a la poesía
que me prestara
el privilegio
de otra mirada
sobre las cosas.
.....................................
Hay poetas que buscan
ornamentos para sus poemas,
yo
solo quiero
encontrar
mis trozos.
Respiro confusa
en el aturdimiento del encierro.
He madurado mis órganos
enderezado mis piernas
escupido residuos
lavado mi plumaje
y en condiciones
de recién nacida
vuelvo.
La madre tierra
tiene todo lo necesario
para devolverme a la vida.
Aprendo a respirar
Revoloteo.
Me gusta la sensación
de aprendizaje
y esta vez
nadie
-absolutamente nadie-
-absolutamente nadie-
interrumpe mi vuelo.
Transgredir con mi boca
no por el mero hecho
de cambiar las cosas,
no por una revolución permitida
y por cauces legales,
no por llamar la atención
ni escandalizar a vecinos
de ésta ciudad irrespirable.
No por iniciar conflictos
insultos
pequeñas risas burlonas
que acompañarán las mesas
de las perfectas familias.
No por el mero hecho
de no claudicar, a pesar de los años
y de mi rebeldía innata.
no por el mero hecho
de cambiar las cosas,
no por una revolución permitida
y por cauces legales,
no por llamar la atención
ni escandalizar a vecinos
de ésta ciudad irrespirable.
No por iniciar conflictos
insultos
pequeñas risas burlonas
que acompañarán las mesas
de las perfectas familias.
No por el mero hecho
de no claudicar, a pesar de los años
y de mi rebeldía innata.
Si lo hago, señores,
es por el básico deseo
de tocar su agua
en medio del desierto.
es por el básico deseo
de tocar su agua
en medio del desierto.
Que hablen si quieren.
Que hablen...
Que hablen...
Yo, con su beso.
Ahora siento
que buscaba el amor
en lugares donde nada sabían de él
y así
me encontré en las ciudades
más extrañas
amando en vano
y pagando precios
desorbitados.
Tiempo después
me haría un traje
a mi medida,
un impermeable
y un poemario
que me dieran
defensa e intensidad,
consuelo y palabra.
Pero guardo los besos
que me encontré,
esos
que hacen de mí
una mujer experimentada
en explosivos
que jamás estallaron.
No quiero que nadie
me complemente
y menos
complementar a nadie,
no quiero cambiar
ni una sola palabra
del lenguaje arisco
de mis dudas
sobre ti,
dinamité mis castillos
en el aire
y carezco de planes
con un final feliz.
Me hice mayor
para convocar tormentas
que destrocen el paisaje
que tanto
me costó construir.
No tengo "el siempre"
No tengo "el nunca"
pero -eso si-
dejaré una silla
un paseo
un viaje
donde descubrir
qué herida te duele
y qué te hace tan feliz.
No creo en cuentos
ni en milongas
pero
si entras
en mi beso,
yo te escribo
una historia
-insisto-
con los pies en el suelo
de un cielo prometedor.
me complemente
y menos
complementar a nadie,
no quiero cambiar
ni una sola palabra
del lenguaje arisco
de mis dudas
sobre ti,
dinamité mis castillos
en el aire
y carezco de planes
con un final feliz.
Me hice mayor
para convocar tormentas
que destrocen el paisaje
que tanto
me costó construir.
No tengo "el siempre"
No tengo "el nunca"
pero -eso si-
dejaré una silla
un paseo
un viaje
donde descubrir
qué herida te duele
y qué te hace tan feliz.
No creo en cuentos
ni en milongas
pero
si entras
en mi beso,
yo te escribo
una historia
-insisto-
con los pies en el suelo
de un cielo prometedor.
Foto Jean Loup Sieff
La primavera ha
transgredido
algunas de las reglas
que me había impuesto
el invierno.
Salgo a respirar
un aire limpio de metralla
y desconsuelo,
de frío calculado
y de espaldas gélidas.
Me abro paso por los amores perdidos
y otras hierbas,
me alejo
de los chantajes emocionales,
del excesivo llanto,
de los idiotas
que creyeron
que la historia
tiene
una sola versión.
La primavera
viene a mostrarme
el otro lado
de las cosas.
Y es alegre,
alegre
sin esfuerzos.
algunas de las reglas
que me había impuesto
el invierno.
Salgo a respirar
un aire limpio de metralla
y desconsuelo,
de frío calculado
y de espaldas gélidas.
Me abro paso por los amores perdidos
y otras hierbas,
me alejo
de los chantajes emocionales,
del excesivo llanto,
de los idiotas
que creyeron
que la historia
tiene
una sola versión.
La primavera
viene a mostrarme
el otro lado
de las cosas.
Y es alegre,
alegre
sin esfuerzos.
Digamos que quizá
no estuve sola,
que conversé contigo
en aquel local
de música en directo
donde la gente
no quiere escuchar
más lamentos
que el de una guitarra
sin letra.
Después jugamos a besarnos
en el portal de tu casa
y amparamos el deseo
bajo las sábanas
de una velada completa.
Te reíste de mí
cuando te dije
que yo no creía en el amor
y tú presentiste
que salía todas las noches
a buscarlo.
Foto Silvia Grav
no estuve sola,
que conversé contigo
en aquel local
de música en directo
donde la gente
no quiere escuchar
más lamentos
que el de una guitarra
sin letra.
Después jugamos a besarnos
en el portal de tu casa
y amparamos el deseo
bajo las sábanas
de una velada completa.
Te reíste de mí
cuando te dije
que yo no creía en el amor
y tú presentiste
que salía todas las noches
a buscarlo.
Foto Silvia Grav
He tragado quina
sangre y saliva,
he regenerado mi cuerpo
en tierra de nadie,
he amado
he construido casa
he parido con dolor
he sudado amores
he huido
he vuelto
he llorado con desconsuelo
he sentido asco
-miedo-
he perdido guerras
-las he ganado-
he inaugurado besos
he reído
he gritado
y si continúo
escribiendo
es para tener un lugar
donde poderlo decir.
Lo admito,
a veces
soy una extraña para mí misma,
no enciendo las luces
no me veo
no adivino el cuerpo
tembloroso,
no ajusto los nervios,
no encuentro la sintonía precisa
para percibirme.
Lo admito,
a veces
me abrazo a la nada,
al frío terrible de tu ausencia,
a la indecente rendición de mis carnes,
al paisaje destruido
del poema.
Lo admito,
a veces
me abandono a la tristeza
que supone
ver el fuego consumido.
a veces
soy una extraña para mí misma,
no enciendo las luces
no me veo
no adivino el cuerpo
tembloroso,
no ajusto los nervios,
no encuentro la sintonía precisa
para percibirme.
Lo admito,
a veces
me abrazo a la nada,
al frío terrible de tu ausencia,
a la indecente rendición de mis carnes,
al paisaje destruido
del poema.
Lo admito,
a veces
me abandono a la tristeza
que supone
ver el fuego consumido.
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